Estas son nuestras historias
El DIPG no nos deja muchas opciones, aunque luchamos con valentía a pesar de nuestra corta edad. Estas son las historias de algunos de mis compañeros, algunos todavía estamos aquí, pero otros nos han dejado.

Martina y su monstruo sibilino
El DIPG apareció en la historia de Martina demasiado pronto, para robar a sus padres lo que más querían, todavía no lo ha conseguido.
Martina sigue aquí. Sigue luchando cada día con su monstruo. Y contamos su historia, porque detrás de estas 4 letras hay una niña con nombre propio, con sueños y con una luz que merece seguir brillando.
Martina es la princesa de la casa. Alegre, dicharachera y elocuente, siempre ha sido esa niña que ilumina cualquier lugar al que entra. Feliz, muy feliz. Encantadora y adorable, pero despierta y fuerte, con una dulzura que no está reñida con su carácter ni con su inteligencia.
Aunque su personalidad aún está creciendo, hay algo que siempre ha sido evidente: su luz. Esa manera tan suya de hacer que todo parezca más amable, de llenar de vida cada momento y de regalar sonrisas sin esfuerzo.

Valeria la imparable
El DIPG se cruzó en el camino de Valeria demasiado pronto. Un monstruo invisible que nadie debería tener que enfrentar, y menos una niña de solo cuatro años. Pero Valeria sigue aquí luchando.
Valeeria luchando cada día, con esa sonrisa que nunca se borra y esa energía que parece no tener límites. Ella es una niña que ha conseguido algo increíble: unir a muchas personas y abrir el corazón de miles más.
En casa, Valeria es pura vida. Imparable, juguetona y llena de alegría, siempre encuentra una razón para reír y para hacer reír a quienes la rodean. Tiene esa capacidad tan especial de contagiar felicidad incluso en los momentos más difíciles.
Y quizá sin saberlo, también está enseñando algo muy grande a todos los que miran su historia: que la esperanza también puede ser imparable.

Alba y su luz
A veces los monstruos aparecen sin avisar. En noviembre de 2023, el DIPG se cruzó en el camino de Alba y empezó una lucha que nadie debería tener que vivir, y menos una niña de solo seis años
Detrás de estas cuatro letras estaba Alba: una niña dulce, muy querida desde el día en que nació, capaz de regalar sonrisas incluso en los momentos más difíciles. Durante su camino tuvo que enfrentarse a operaciones, radioterapia, quimioterapia y muchos días de hospital. Y aun así, nunca se quejó. Siempre tenía una sonrisa.
Era feliz, cariñosa, buena y disfrutona. Una niña con una luz muy especial y con unas ganas enormes de vivir. Y con esa misma valentía con la que luchó cada día, también dejó una lección que su familia nunca olvidará.
El 18 de diciembre de 2024, rodeada de sus padres y sus hermanos, Alba emprendió su vuelo. Pero su historia, su sonrisa y todo el amor que dejó seguirán viviendo siempre en sus corazones.

Zamora y sus ganas de vivir
A sus 7 años tuvo que aprender a caminar, hablar y comer más de una vez, su monstruo era como una aspiradora que le hacía empezar una y otra vez.
Zamora tenía una valentía que no se medía en años, sino en cada pequeño logro que conseguía recuperar. Cuando el DIPG llegó a su vida, no solo trajo un desafío médico, sino también la necesidad de volver a aprender acciones cotidianas que otros dan por sentadas. Caminar, hablar o comer se convirtieron en victorias diarias, construidas con esfuerzo, paciencia y una determinación que sorprendía a quienes la rodeaban. Luchó con una fuerza serena, constante, que demostraba lo grande que podía ser su voluntad. El DIPG formó parte de su historia, pero su ejemplo de esfuerzo y coraje sigue vivo en quienes la recuerdan.

Ander amaba la vida
Cuando le explicaron que tenía cáncer, respondió sin miedo: “yo quiero vivir, me encanta mi vida, soy un niño feliz”. Esa frase lo define.
El fútbol era su pasión desde muy pequeño; antes de hablar, ya sabía darle toques al balón. Era cercano, cariñoso y protector, sobre todo con su hermana Nora. También disfrutaba jugando a Fortnite y compartiendo risas con sus amigos.
Durante 14 meses y 14 días convivió con el DIPG. El 14, su número en el equipo, se convirtió en símbolo de su lucha. Nunca dejó de sonreír ni de animar a otros niños enfermos.
Cuando el monstruo volvió, diseñó una pulsera con su nombre y un balón. Hoy sigue recordándonos quién fue y cuánto amor dejó.

El risueño Martín
Martín luchó durante un año una batalla contra el monstruo de la desesperanza.
Tenía un corazón que conectaba con todo lo vivo. Su amor por los animales era solo una muestra de la ternura con la que entendía el mundo, con una sinceridad que se notaba en su forma de mirar y de estar con los demás. Cuando llegó el DIPG, llegaron también las palabras duras y los momentos de incertidumbre, pero Martín eligió responder con amor y con una actitud que unía a su familia y a quienes lo conocían. Su fortaleza se convirtió en un impulso para ayudar a otros niños que estaban pasando por situaciones similares, dejando un mensaje de solidaridad y esperanza. Un monstruo llamado DIPG intentó frenar su historia, pero no logró apagar la luz que Martín compartía con cada persona que se cruzaba en su camino.

La sonrisa de Lucía
Enseñó a sus padres a vivir la vida de una manera diferente.
Lucía tenía un espíritu que desbordaba su edad. Había en ella una mezcla de ternura y fortaleza que hacía que todo pareciera un poco más llevadero cuando estaba cerca. Su alegría, natural y luminosa, y su manera de acercarse a los demás convertían cualquier momento compartido en algo especial, incluso en medio de la incertidumbre.
Con solo ocho años, tuvo que mirar de frente al DIPG. Y lo hizo con una valentía serena, sin estridencias, sosteniendo una sonrisa que ayudaba a su familia a respirar cuando el miedo apretaba más fuerte. No dejó que la enfermedad definiera quién era: siguió siendo niña, siguió soñando, siguió regalando luz.
Sin proponérselo, enseñó a quienes la rodeaban a detenerse, a abrazar más tiempo, a valorar los pequeños instantes y a vivir el presente con una conciencia nueva y más profunda.

Laurita
Laurita nos dejó el 14 de diciembre de 2025
Es dificil escribir lo que significaba para sus padres y su familia
Nada más que decir que es una niña maravillosa, talentosa, con mucha creatividad, siempre demostraba su amor a su familia y amigas, la verdad no le faltaba nada, a mi me enseñó lo que es el amor de hermano, no la voy a olvidar nunca.

Nuestra María Jesús
Partió el 8 de febrero del 2025 a la edad de 9 añitos.
Después de luchar 7 meses contra el DIPG. En nuestro país (Chile) no existe conocimiento, ni apoyo respecto a la enfermedad ni nada parecido, tratamos de hacer campañas para juntar dinero para poder viajar a España pero lamentablemente ella partió antes

María 5 añitos
¿Me ayudas?
Me llamo María y soy de Sevilla. Tengo tan solo 5 añitos y lucho por la investigación de la enfermedad que padezco llamada DIPG.

Javier y su monstruo
Venció a la tristeza con su sonrisa y su alegría, pero no pudo con su monstruo.
Su alegría era una de esas cosas que nadie olvidaba de Javier. Su forma de entender la vida, llena de curiosidad y energía, hacía que sus ideas sorprendieran como si llevara más años aprendiendo del mundo.
Regalaba cariño sin medirlo, con gestos pequeños pero llenos de significado, y su sonrisa se convirtió en su mejor manera de plantarle cara a los días difíciles. El DIPG apareció como un enemigo silencioso en su historia, pero no logró apagar esa luz que transmitía a quienes estaban a su alrededor, ni cambiar la manera en que eligió vivir cada momento.

Catalina y su castillo
Esta princesa luchó contra un dragón y se ganó unas hermosas alas de ángel.
Catalina fue, desde el principio, una princesa distinta. No necesitó corona para demostrarlo. Cambió los vestidos por una mascarilla de radioterapia y el castillo por la calidez de su hogar, convertido en refugio y fortaleza. Empuñó una espada invisible para enfrentarse al DIPG, ese dragón inesperado que irrumpió en su historia, y luchó con una determinación que superaba cualquier cuento.
Su batalla no tuvo finales fáciles, pero sí tuvo grandeza. Porque Catalina transformó cada día difícil en un acto de valentía y amor. Y en esa lucha inmensa, se ganó alas —alas de colores eternos— que hoy la elevan más allá del dolor.

La historia de Ian y su monstruo
Ian era un niño generoso al que le encantaba regalar sus juguetes a conocidos y desconocidos por igual, su monstruo DIPG le impidió seguir regalando su sonrisa y sus chuches.
Tenía una forma especial de hacer sentir bien a los demás, como si su sola presencia hiciera el mundo un poco más amable. Su generosidad era natural: compartía sus juguetes y sus chuches con amigos y también con quienes acababa de conocer, siempre con una calma que contagiaba tranquilidad. Soñaba con jugar al fútbol, disfrutaba construyendo con legos, montando en bici y pasando tiempo al aire libre, como cualquier niño que solo quiere seguir descubriendo el mundo. Tenía una fe profunda y una manera muy serena de entender lo que le rodeaba. El DIPG apareció en su historia como un reto difícil, pero no logró cambiar la bondad ni la paz con la que Ian eligió vivir cada día.
Creo que tú puedes ayudarme…
Creo que a estos monstruos hay que destruirlos, no es que yo sea una caza fantasmas experta, pero juntos podemos vencer a la indiferencia, al miedo, la soledad, el desconocimiento y el DIPG. Mira como avanza el contador de monstruos con tu ayuda…
Si quieres destruir a la indiferencia firma el manifiesto contra el DIPG. Tardarás menos de un minuto.
Por cada manifiesto firmado un monstruo de la indiferencia destruido.
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Destruye un monstruo por cada like o comentario de los post que tengan el hastag #elmonstruodemicabeza
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Por cada euro donado mataremos a un monstruo del desconociento.